domingo, 1 de agosto de 2010

Desayuno

Me he propuesto preparar tranquila el desayuno. A ritmo lento, consciente del aquí y del ahora. Lavo 6 naranjas que son tangelos, las corto en una tablita de picar muy rústica que compré en el mercado de Belén, Iquitos. Uso el serrucho de pan de fabrica brasileña. Siento el aroma del tangelo que entra sorpresivo por mi nariz, me detengo un poco ahí... Preparo el jugo y de vez en cuando espanto algun pensamiento que me saca de la acción. Pongo el agua en la tetera de fierro. No me he detenido en la maravilla que es el Agua saliendo del caño. Prendo el fuego en la hornilla de la cocina a gas. Tampoco me detengo en el Fuego. Termino el jugo de naranja que es de tangelo y de un vivo color naranja. Queda grasita de la cascara en mis dedos, la siento tan buena que me la embadurno alrededor de los ojos. Pongo los sitios en la mesa, el azucar rubia, la leche, el café instantaneo y la cocoa. La infaltable mantequilla, no margarina. Descubro que no hay pan. Tengo que salir. ¿cuál compraré? ¿francés, baguette? mejor voy a casa de mamá que debe tener pancito de Huarás. Es domingo y mi familia tardará en despertar.